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"...el café de alguna vez..."

Actualizado: 10 ene 2021

"...el café de alguna vez..." de Richard R. Crown, del nuevo libro "Te pinté un cuadro (o varios) y escribí un libro (o varios)" México, 2020 © Todos los derechos reservados. Queda prohibida la reproducción total o parcial de esta obra.


...siempre hay cafés de maquinita bien colocados...



...se saludaron con las miradas y se comunicaron con las pupilas dilatadas, en el detalle de detener ese maravilloso momento en el tiempo, sellado con un "hola" suspirado, alongado y delatado por la inflexión vocal demasiado susurrante para no ser evidente...

...se encontraron al paso, y ambos manifestaron gusto por el hallazgo... se saludaron con las miradas y se comunicaron con las pupilas dilatadas, en el detalle de detener ese maravilloso momento en el tiempo, sellado con un "hola" suspirado, alongado y delatado por la inflexión vocal demasiado susurrante para no ser evidente...


...él se enfiló a hacia la tiendita de conveniencia que vende cafés de autoservicio...


...ella caminó 9 metros en sentido contrario pero tal vez recordó que necesitaba alguna golosina de la misma tienda de conveniencia...


...él sirvió su café de refill de 18 pesos, y mientras lo hacía vio de reojo que ella caminaba lentamente a la tienda en el largo pasillo con muros marcados, de esos pasillos que no tenían escape de dirección, sin escape de miradas de encuentro y con la lentitud del paso... mmm...de esas caminatas que llevan un rallentando musical del paso al caminar pero in crescendo musical de búsqueda de pretexto con allegretto vivace musical que se aprecia por la forma de apretar los labios...


...él interpretó la intención, olvidó la idea de ir por galletas al final de la tienda y perder el momento con ella...


—Hola ¡qué gusto!, ¡que sorpresa!, estoy de suerte hoy, que afortunado soy, ya nos encontramos dos veces, creo que iré a comprar un billete de lotería para esta racha de buena suerte tan irrepetible —dijo él abrazando la llegada de ella para darle comodidad de diálogo.


...él se aproximó a pagar su café pero jamás perdieron el hilo de la plática...unidas con un hilo elástico que ataba sus intenciones y pretexto por no perder el momento...


...él solicitó al cajero que incluyera en su cuenta el café de la señorita...


...cuando ella llegó a la caja a pagar, él le dijo "ya está pagado, ya podemos irnos, ¿gusta señorita?"...


...caminaron el mismo pasillo de los 9 metros... mmm... de esas caminatas que llevan un rallentando musical del paso al caminar pero in crescendo musical de búsqueda de pretexto con allegretto vivace musical que se aprecia por la forma de no soltar las miradas...


—¿Sabes?... —dijo ella enfilando el armado de una oración.


...él interrumpió...


—Antes de que acabes la frase quiero decirte "gracias por este momento, lo agradeceré siempre, no quería quedarme con las ganas de invitarte por lo menos una vez en la vida un café y eso acaba de ocurrir" —dijo él mientras la miraba a ella a los ojos con voz segura y convencida.


—¿Sabes?, yo no quería quedarme con las ganas de mirar tus ojos y que ese color de ojos mi miraran de forma tan exclusiva, y eso acaba de también acaba de ocurrir —dijo ella con una voz nerviosa pero implacable.


...y luego, cada quien caminó a su lugar con la duda mutua de saber si ambos tendrían bonita letra y les gustaría descubrir esa letra en el fondo de la taza de café del otro...

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