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"...la princesa y el viaje de vuelta al castillo..."

"...la princesa y el viaje de vuelta al castillo..." de Richard R. Crown, del libro "El honor de vivir tu brillo abrazado de tu mano.. y que sigas brillando". México, 2024© Todos los derechos reservados. Queda prohibida la reproducción total o parcial de esta obra.




...y él sonreía por estar con ella o escucharla, ella también..

La historia narrada en la época actual


A miles de kilómetros de distancia entre dos corazones que se aman, iniciaban llamada telefónica al salir de trabajar, para encontrar sus voces y compartir sus experiencias del día y puntos de vista de lo vivido.


A ella le tomaba casi dos horas para llegar a casa, a él menos tiempo.


Por tanto, a menos que él se quedara detenido en la calle evitando cortar la llamada, la llamada perdería la emotividad del encuentro de voces sedantes y envolventes de ellos dos.

Luego entonces, él fingió que no tenía auto en ese momento, y además, era un inútil para tomar transporte público. Demasiado predecible diría ella… seguramente tomará taxi o aprenderá las rutas de transporte.


Por tanto, cada día, él decidió caminar hasta su casa, buscando la ruta que le ajustara a casi dos horas de caminata.


De esa forma, mientras ella viajaba en auto, él atravesaba la selva de los peligros de la banqueta, los posibles oportunistas, el salto de mini bardas para acortar terreno, caminar entre árboles, calles angostas, calles de alcurnia, calles obscuras y de miradas lugareñas que lo veían como extraño.


Y era así, como las voces sedantes y parsimoniosas, se envolvían durante dos horas, dialogo de hallazgos procurrentes.


En cuanto llegaba la hora del destino de ella, él detenía un momento su marcha, tomaba aire, le elaboraba y declamaba un poema cuyo contenido versaba en los destacados de la charla que habían tenido en esas dos horas.


Y así, ella antes de entrar a su casa, tenía el manifiesto de “Te amo” de él.


Despidiéndose con una sonrisa que no era vista, pero era mutuamente sentida.


Y la misma historia en la época del medievo.


A mucha distancia entre vidas y sí, ambientes que condenan actividades, el manifiesto de sus corazones que se aman era presente.


Él esperaba que ella saliera de sus actividades, y se aseguraba de ser visto con una rosa esperando. Mientras, el carruaje dirigido por un conductor, alentaba a los jamelgos a seguir de forma suave el trayecto se su princesa.


La rosa y la mirada de él, eran vistos por la princesa demorando un parpadeo y sí, con mirada rosa sobre la intención de él.


Iniciaba ruta el carruaje, y naturalmente, llevaba a la princesa y debía irse por los caminos más cómodos y seguros.


Se ignora en el cuento el tiempo que demoraba llegar a la comarca de la princesa pero él, guardaba la rosa en un envoltorio especial y salía corriendo para tomar las rutas inhóspitas, entre piedras de pequeños ríos, donde brincaba bardas, atravesaba bosques malditos, y al estilo de Cirano, cruzaba la líneas enemigas diariamente para ver a la princesa.


Cuenta la historia que cuando la princesa estaba próxima a llegar a su castillo de la comarca, volteaba instintivamente a los alrededores.


Y sí, él la esperaba a ella al bajar de la carroza. Violando todo el sistema de seguridad del castillo y estando ahí para la princesa.


Ella misma solicitaba a sus guardias que no intervinieran al acercarse mutuamente.

Él le entregaba la misma rosa y le daba una nota con un verso y poema a partir de su admiración por las cosas lindas que había vivido en el día y además, del atuendo de la princesa de ese mismo día, pero al iniciar el trayecto.


Y así, ella antes de entrar a su castillo para llegar a sus aposentos, tenía el manifiesto de “Te amo” de él.


Despidiéndose con una sonrisa que no era vista, pero era mutuamente sentida.



Tiempo de elaboración: Dos horas, en lo que duró nuestra llamada.

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